La corrosión puede avanzar incluso cuando el agua se ve limpia. Reconocer sus señales exige relacionar química, materiales, operación y desempeño del programa de tratamiento.
La corrosión no tiene una sola causa
En torres de enfriamiento y condensadores evaporativos, el agua está en contacto constante con aire y materiales metálicos. Oxígeno, sales concentradas, cambios de pH, depósitos, actividad microbiológica y pares galvánicos pueden crear condiciones que favorecen pérdida de metal. El mecanismo puede ser uniforme o localizado, con picaduras profundas bajo depósitos.
Qué condiciones conviene revisar
- pH fuera del rango establecido para los materiales y el programa químico.
- Cloruros y sulfatos elevados por concentración o cambios del agua de reposición.
- Residual insuficiente o inestable del inhibidor de corrosión.
- Depósitos que generan celdas de aireación diferencial y corrosión bajo depósito.
- Biofilm o actividad microbiológica asociada con superficies metálicas.
- Zonas de baja velocidad, estancamiento o largos periodos de parada.
Qué señales puede mostrar el sistema
El aumento de hierro en agua, presencia de óxidos, sedimentos rojizos, perforaciones o fallas repetitivas pueden señalar corrosión. Sin embargo, un hierro bajo en una muestra no garantiza ausencia de ataque: el producto de corrosión puede permanecer adherido o acumularse en otra zona.
Corrosión e incrustación no son problemas independientes
Una estrategia que busca evitar toda formación mineral a cualquier costo puede dejar superficies más expuestas si el programa de inhibición no es adecuado. La gestión debe buscar un equilibrio compatible con los materiales, la química y la operación real de cada instalación.
“Cuando la corrosión se diagnostica únicamente después de una perforación, el sistema ya ha perdido parte de su vida útil.”
SIGUIENTE PASO
Si aparecen hierro, depósitos, picaduras o fallas repetitivas, investigue el mecanismo probable y revise materiales, agua, inhibidor, microbiología y condiciones hidráulicas.

